sábado, 7 de junio de 2008

Verdi - Traviata

es un pieza de opera del señor verdi... en una especial animacion con plastilina

lunes, 2 de junio de 2008

El Alma

JULIO GARMENDIA

Escritor venezolano. Nació el 9 de Enero de 1898 en la hacienda "El Molino", cerca de El Tocuyo en el Estado Lara. Rafael Garmendia Rodríguez y Celsa Murrieta. Fue uno de los alumnos fundadores del Colegio "La Salle". En 1909 publica un pequeño ensayo en el diario "El Eco Industrial". En 1914 cursa estudios en el Instituto de Comercio de Caracas, los cuales abandona poco tiempo después para trabajar como redactor en el Diario "El Universal". Se relaciona con integrantes de la llamada generación del 28. Como diplomático, trabajó en la Legación de Venezuela en París, luego fue Cónsul general en Génova, en Lopenhaque y Noruega desde 1923 hasta 1940. Anterior a este viaje, escribió "La Tienda de Muñecos" (1927) siendo considerado el introductor del realismo fantástico en la ficción hispanoamericana a través de este libro. Desde los años cincuenta su obra comenzó a ser revalorizada. A través del cuento fantástico, el cual cultivó en sus dos siguientes colecciones de relatos, La tuna de oro (1951) y La hoja que no había caído en su otoño (1979), reaccionó contra la ficción del modernismo y criollismo. Realizó estudios críticos y asedios a los temas de su escritura, los cuales fueron reunidos en los volúmenes Opiniones para después de la muerte (1984) y La ventana encantada (1986). Falleció el 8 de Julio de 1977, en Caracas.




EL ALMA
(de La Tienda de Muñecos)
I



Qué viene a BUSCAR el Diablo en mi aposento? ¿Y por qué se toma la molestia de tentarme? Me permito creer que es cuando menos una redundancia y una inconcebible falta de economía en la distribución de tentaciones entre los hombres, el hecho de que se me acerque Satán con el objetivo de rendirme a su poder. Nunca requerí su presencia para caer en el pecado. En cambio, seguramente viven a estas mismas horas personas suficientemente virtuosas para que pueda el Maligno ocuparse con fruto en inducirlas a pecar. Existen sin duda muchas gentes honradas que muy bien pudieran ser dignas del Diablo…
En estas reflexiones me había engolfado, viendo cómo rondaba el Maligno alrededor de mi aposento. No se atrevía a penetrar todavía, pero acercábase a la ventana y enviaba hacia adentro miradas llenas de ternura e interés. Satán, no cabía duda, procedía conmigo a la manera que con una doncella a quien temía asustar y correr para siempre si le hacía violentamente sus proposiciones. Quise, pues, adelantármele, fui a llamarle y le hice entrar. Comprendió al punto la verdadera situación en que se hallaba y tomó asiento a mi lado sin inmutarse en lo mínimo.
-Caballero – me dijo-: aspiro a compraros vuestra alma.
No podía comprenderme su propuesta, porque bien sabía ya que se ocupaba él desde mucho tiempo atrás en esta clase de transacciones.
-¡Ah, caballero! –le dije- con cuánto gusto accedería a vuestra demanda! Pero, decidme, ¿acaso estáis seguro de que tenga alma?
-No, por cierto –me respondió-, y antes de cerrar el pacto tendríamos que averiguarlo a punto fijo. Trátase de una compraventa y cualquier abogado, aunque no sea de los más notables, os dirá que para que una cosa pueda venderse o comprarse, es preciso que exista. Averiguaremos si lleváis alma en vuestro cuerpo (porque hay muchos que no la tienen) y, en caso afirmativo, no temáis vendérmela en seguida.
-Tampoco temería vendérosla si no la tuviera. Y lo haría sin sombra de escrúpulo, porque, no poseyendo alma perdurable, ¿cómo podría castigarme en otra vida por una mala acción?
-Caballero –repuso el Maligno-: formalicemos nuestro negocio. Oíd: viviremos ambos como amigos y camaradas inseparables durante cierto tiempo, y, mientras tanto, os observaré cuidadosamente para ver si descubro en vos indicios de un alma libre y soberana.
Le estreché la mano con efusión.
-Si queréis –le dije- desde luego podemos empezar nuestras correrías y ver si nos presenta el azar circunstancias extraordinarias y trances excepcionales en los cuales haya ocasión de darse a conocer una alma verdaderamente inmortal.





II



-¿Podrías decirme, amigo Satán, si habéis descubierto un alma dentro de mí? Si la habéis hallado, decídmelo en seguida para que juntos determinemos su valor; y si creéis que no poseo ninguna, no temáis decídmelo francamente, porque no me ocasionaréis con ello ningún disgusto ni mucho menos me creeré ofendido porque me digáis desalmado, al contrario, el no poseer alama ninguna me libraría de infinitas preocupaciones y responsabilidades molestas. Nuestro cuerpo es inofensivo y no pretende pasar de la tumba. Pero el alma nos expone a mil peligros e incertidumbres. Por lo pronto, la sola probabilidad de tenerla me hace ya andar en vuestra compañía.
-Amigo mío –me contestó Satán, poniéndose amistosamente la mano sobre el hombro-: me veo en la obligación de manifestaros, después de tantos ensayos y experimentos infructuosos, que aún no he podido averiguar con certeza si poseéis en vuestro cuerpo esa esencia inmortal. La averiguación del alma es asunto difícil y sólo dispongo de un medio que permita esclarecerlo en seguida. Es el siguiente, que os propongo como el mejor y más expedito, y cuyos inequívocos resultados estoy seguro: os daré muerte (el género de muerte que queráis escoger) y pasado brevísimo tiempo os haré revivir mediante mi poder satánico y volveréis a ser idénticamente el mismo. El procedimiento, como podéis apreciarlo, es muy sencillo: durante el tiempo que permanezcáis muerto, si tenéis alma, esta se expandirá en infinitas perspectivas extraterrenas y visiones celestes e infernales, de las cuales os acordaréis perfectamente después mediante una fórmula mágica que yo tendré cuidado de pronunciar al volveros a la vida. Si, por el contrario, carecéis de alma perdurable después de la muerte, ésta se reducirá para vos a un sueño denso del que no conservaréis memoria. En cuanto a los medios más adecuados para daros muerte, opino que es preferible la cómoda estrangulación, procedimiento que no requiere instrumento alguno ni aparato alguno.
Acepté el ingenioso expediente imaginario por Satán, quien me estranguló de manera afectuosa, en medio de la amistad más cordial y el compañerismo más estrecho, una noche del mes de enero, en el rincón de una plaza pública, a la sazón desierta bajo la luna clara y redonda. Recuerdo con exactitud minuciosa el sitio del crimen, a pocos pasos dormitaba un guardia envuelto en su gran capucha negra, y tuve el placer de dejarme estrangular a la vista de un guardia público, sin rebajarme a pedirle socorro.
-Os recomiendo encarecidamente mi cadáver. Miradlo con ojos paternales y cuidad de que no se estropee el rosto, pues ya lo fue bastante por la impía Naturaleza, con grave atropello de la perfección física.
Tales fueron mis últimas voluntades. Al extinguirme a manos de Satán, mi mirada recayó al azar en el claro disco de la luna, donde quedó fija hasta que perdí el conocimiento.





III



-Espero ansioso vuestro relato de ultratumba- fueron las primeras palabras que oí de Satán al volver de aquel sueño en el que nada me había sido dado contemplar ni sentir: seguramente por haber muerto con la mirada fija en la luna llena, mi permanencia en el reino ultramundano se redujo de manera lastimosa a ver una infinidad de globos que no expresaban ningún ingenio ni mucho menos podían ser indicios por donde se coligiera la presencia de un espíritu soberano.
-No cabe duda –razonaba yo en tan críticos instantes- que ha sido éste fallecimiento estúpido, propio más bien de alguien que hubiera muerto de fiebre delirando con globos de colores. ¡Ah, no! Satán no se desternillará de risa oyéndome contar semejantes sandeces, indignas y groseras manifestaciones del espíritu inmortal que indudablemente me anima. Porque ahora, después de este importante experimento y de tanto otros en que he dilapidado el tiempo y arriesgado la existencia, soy de opinión que no debo permanecer indiferente a los resultados, sino que antes bien hacerme pasar como poseedor de un alma preciosísima, para resarcirme de este modo, con lo que Satán me entregue en cambio de ella, de las pérdidas cuantiosas que debo estar sufriendo en mis negocios durante el largo tiempo que llevo desatendiéndolos por andar con el Maligno en la averiguación de mi alma. Tanto tiempo más cuanto que muy bien pudiera ser el propio Satán me haya adormecido fraudulentamente el espíritu perdurable, a fin de persuadirme de mi inferioridad y decidirme a venderle a precio vil un alma poco significativa.
Pero ya no era posible coordinar nada, y la voz del Maligno me apremiaba a contarle el resultado.
Resolvíme, pues, a abrir los ojos.
-Quisiera tener algún tiempo para coordinar mis ideas y mis recuerdo ¡oh Satán! –le dije- porque he visto cosas inverosímiles que no me atrevo a narrar en un lenguaje improvisado e inelocuente. Os prometería componer en breve una interesante memoria, que sometería a vuestro criterio y en la cual os narraría hasta los íntimos pormenores. Pero como seguramente estáis ya harto de este asunto, que os ha retenido bastante tiempo y que para vos debe carecer de novedad, os diré a grandes rasgos lo sucedido. Apenas muerto, pude ver astros que se alineaban en dos filas, como una soberbia iluminación para el paso de alguna gran Potestad. A poco me sentí impulsado por una fuerza desconocida y (cosa a que jamás me hubiese atrevido sin la intervención de un poder ajeno a mi voluntad) recorrí de manera lenta y ceremoniosa aquella galería astral y aun tuve calma para observar que detrás de mí, las luminarias íbanse apagando sucesivamente a mi paso. Al final de la galería se abrió de pronto una puerta de oro macizo que arrojó hacia fuera una gran bocanada de luz aún más intensa. Por aquella preciosa Puerta apareció un Pontífice (así por lo menos lo supongo en mi ignorancia) que avanzó dos pasos hasta encontrarse conmigo. Tomándome de la mano, me condujo a la Puerta y me mostró algo que seguramente debía ser admirable, pero que yo no pude ver a causa de la luz excesiva que reinaba en el recinto. Luego me atrajo suavemente e imponiéndome ambas manos sobre la cabeza se disponía a consagrarme sabe Dios de qué cosa; pero en aquel instante recordé bruscamente que no debía permitirme que se me consagrara en lo mínimo, en vista de nuestro pacto satánico. A la vez recordé en el propio instante que os había en situación difícil, con un cadáver a pocos pasos de un guardia público, y que éste despertaba de pronto, para poneros en salvo os veríais en el caso de abandonar mi cadáver, el cual sería desdorosamente conducido a un hospital cualquiera. Así, pues, me dejé caer violentamente al suelo y me escurrí por entre las faldas del gran sacerdote, momentos en que éste tenía puestos los ojos en blanco por hallarse en éxtasis para atraer con su fervor la divina bendición sobre mi cabeza. El paso por debajo de aquel gran sacerdote fue largo y penoso, y solo puedo deciros que durante el trayecto nada me indujo a recordar la ambrosía. En carrera fantástica llegué hasta aquí y penetré rápidamente en mi cuerpo, cuya boca, dicho ser sin intención de reprochároslo, os habíais olvidado de cerrar convenientemente,
Me incorporé sin dificultad y proseguí de este modo:
-Debo ahora manifestaros, ¡oh Satán!, la gratitud imperecedera que os guardo por haberme puesto en circunstancias apropiadas para comprobar patentemente que me hallo en posesión de un alma inmortal. Gustoso comparto ahora con los creyentes la desdeñosa lástima que les inspiran los materialistas y los impíos, que nunca gozaron el soberano orgullo de saberse dueños de un espíritu perdurable. Puedo regocijarme, además, de saber que esta alma no es en modo alguno un alma adocenada y de poca monta, sino antes bien un espíritu que goza de especial estimación en el reino de los ultraterreno y que, por consiguiente, es verdaderamente inapreciable. Me sentiría, pues, singularmente rebajado si consintiera en vendérosla por una suma cualquiera.
Satán me hizo notar que yo estaba comprometido formalmente a venderle el alma que tuviera.
-Considerad –me dijo- que un hombre de espíritu tan elevado como es el vuestro, seguro decís, no puede faltar a la palabra empeñada.
-¡Cuán cierto es eso! –le dije-, ¡oh, Satán! Pero yo no he pensado en quebrantar la palabra empeñada. Si rehuso cederos mi alma por dinero, es porque, siendo tan digna y preciosa, la considero invalorable. Pero no tengo ningún inconveniente en cambiárosla por algo que sea igualmente sin precio. Os cederé, pues, si me dais en cambio el don de mentir sin pestañear. Privado en delante de toda alma y habiendo perdido ya de antemano el cielo, puede ser, sin embargo, que este pequeño don que os pido me sirva para hacerme con el tiempo de otra alma y otro cielo.
Satán se regocijó en extremo con esta noticia y me manifestó que, como señalada prueba de confianza y amistad, me había ya concedido de antemano el don que le pedía…
Así que no tuvimos nada más que tratar y continuamos nuestro paseo de aquella noche bajo la luna que iluminaba como una gran lámpara el jardín. Hablábamos de cosas indiferentes. Cuando pasamos junto al guardia, que seguía durmiendo profundamente, le decía yo a Satán estas palabras:
-Lamento no haber traído de mi celeste correría, como se acostumbra después de un viaje, algún pequeño recuerdo o reliquia. Por ejemplo, varios pedazos de oro arrancados de aquella preciosa Puerta. A mi regreso, parientes y amigos se hubieran disputado con fervoroso ardor, porque son sumamente cristianos, y todos de gran piedad…

viernes, 23 de mayo de 2008

"Que el ardor de los besos robados bajo la lluvia"


“Ella es más hermosa
que los recuerdos que entornan
deliciosamente los párpados
de las mujeres del Líbano...” Gianni Siccardi

Melancolía

Ella es más hermosa
que una tarde perfumada en septiembre,
que el canto de los pájaros
en el ultimo amanecer
de los condenados a muerte.
Que un campo sembrado de estrellas
en una noche de marzo.
Que el agua pura que baja de las sierras.

Ella es más hermosa
que la congoja del sueño.
Que la tinta con que se escriben
las cartas que nunca se envían.
Que las cruces que recuerdan
los tiempos pasados y el llanto.
Que el terciopelo sangre
que abraza el atardecer.

Ella es más hermosa
que las flores del lapacho
que tapizan las calles.
Que un amanecer en el frío julio.
que las mujeres sedientas
que venden su amor en las esquinas.
Que las tiernas hojas que brotan
después de la lluvia.

Ella es más hermosa
que los labios que besan
mintiendo pasión en las noches de luna.
Que el concierto de voces
empapelando las calles al mediodía.
Que el viento húmedo besando las mejillas.
Que una madre amamantando a su hijo
entre lirios y madreselvas.

Ella es más hermosa
que una plaza ebria de jazmines.
Que el sueño de los descubridores
en mares eternos que envuelven la fe.
Que las calles abriéndose en la madrugada
cuando los insomnes roban estrellas.
Que la danza de colores al compás del viento.
Que el silencio de la montaña.






Ella es más hermosa
que las ilusiones de los niños de las villas
de rostros sucios
y mechones de pelo rabiosos.
Que el olvido aprisionado contra el pecho.
Que el ardor de besos robados bajo la lluvia.
Que el hedor de los cuerpos
envueltos en lavanda y fuego.

Ella es más hermosa
que el amor cimentado en sangre
y veneno fragante.
Que caminar a través de las nubes
en busca del fin del mundo.
Que las tretas visuales del aire
jugando entre tus cabellos, cuando es tarde,
hasta para la melancolía.

Adaptación del poema de Gianni Siccardi “La bella del Líbano” Jose luis Colombini (argentino)

jueves, 22 de mayo de 2008

Vocal Song, Anhelante, con Rafael

Concierto "Vocal Song y sus amigos" realizado en el Centro de Artes de Maracaibo Lía Bermúdez el 3 de junio de 2006, con la participación de grandes estrellas de la canción.
Vocal Song cappella voces video concierto amigos RAFAEL BRITO

martes, 20 de mayo de 2008

libre albedrío

un alma... dos seres... un destino... libre albedrio, un cortometraje donde se decide el futuro de una persona que tiene tantas virtudes como pecados.

Ganador de mejor produccion y edicion en la muestra audiovisual URBE

Ganador de mencion honorifica a la ficcion en el festival UNICA

Unico nominado a representar a Venezuela en el Viart 2006

Direccion Alejandro Ortega
Direccion de Fotografia Juan Toledo
Direccion de Sonido Gustavo Borjas
Categoría: Ocio
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lunes, 19 de mayo de 2008

...aunque la vírgen sea blanca, píntame angelitos negros.


Andrés Eloy Blanco

Nació en Cumaná (Edo. Sucre) el 1 de agosto de 1896 y murió en Ciudad de México el 21 de mayo de 1955.

Andrés Eloy Blanco fue poeta, ensayista, dramaturgo, orador y político. Pasó sus años de infancia en Margarita; luego estudió en el Colegio Nacional de Caracas, para ingresar luego a la Universidad Central de Venezuela donde obtuvo, en 1918, el título de abogado. miembro de la "Generación del 28" y fundador del Partido Acción Democrática (AD).
esde muy joven mostró un gran talento literario, el cual fue reconocido en diversos concursos. En tal sentido, uno de sus primeros poemas "La espiga y el arado", fue premiado en los Juegos Florales de Ciudad Bolívar en 1916. Asimismo en 1921, publica su primer libro Tierras que me oyeron; y en 1923, recibe el primer premio en concurso promovido por la Real Academia Española de la Lengua, en la ciudad de Santander (España), a la cual concurrió con su Canto a España, lo que le da notoriedad internacional.








PINTAME ANGELITOS NEGROS
Andrés Eloy Blanco

¡Ah mundo! La negra Juana,
¡la mano se le pasó!
Se le murió su negrito,
sí, señor.

- ¡Ay compadrito del alma,
tan sano que estaba el negro!
Yo no el acataba el pliegue,
yo no le miraba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco,
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo..

Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.

Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo;
que cuando pintas tus vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero;
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la vírgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Angel de buena familia
no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus angelitos blancos,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.

Si sabes pintar tu tierra,
así has de pintar tu cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,
porque para eso lo tienes
calientito y de los buenos.
Aunque la Vírgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejado entrar
al cuadro angelitos negros.
y entonces, ¿a dónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento?

Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintas angelitos
acuérdate de tu pueblo,
y al lado del ángel rubio,
y junto al ángel trigueño,
aunque la Vírgen sea blanca,
píntame angelitos negros.




sábado, 17 de mayo de 2008

Sobre palmas y lauros de oro yergue el zulia su limpio blasón y flamea en su claustro sonoro...

Udón Pérez

Poeta venezolano, nació en Maracaibo (Venezuela), estado Zulia el 6 de marzo de 1871 y murió el 24 de julio de 1926.

Curso estudios de medicina, Derecho y Ciencias Política , con brillantes calificaciones, sin embargo no quiso recibir los títulos, ya que prefería ser Docto que Doctor. En su carrera como poeta ganó numerosos galardones que lo convirtieron en el maestro del verso en el Zulia, llevando un cuarto de siglo de poesías vernáculas, criollas, editadas muchas de ellas en libros y revista.




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Sobre Palmas

Sobre palmas y lauros de oro
yergue el Zulia su limpio blasón;
y su flamea en su claustro sonoro
del progreso el radiante pendón.

I
La luz con que el relámpago
tenaz del catatumbo,
del nauta fija el rumbo,
cual límpido farol;
el alba de los trópicos,
la hoguera que deslumbra
cuando el cenit se encumbra
la cuadriga del sol...
no emulan de tus glorias
el fúlgido arrebol!
II
En la defensa olímpica
de los nativos fueros
tus hijos, sus aceros
llevaron al confín;
ciñendo lauros múltiples
los viste, con el arrobo,
del lago a Carabobo,
del Ávila a Junín;
y en el Tarqui y Ayacucho
vibraron su clarín.
III
Erguido como Júpiter,
la diestra en alto armada,
fulgurante la mirada
de rabia y de rencor;
las veces que los sátrapas
quisieron tu mancilla:
mirarte de rodilla
sin prez y sin honor...
cayo sobre sus frentes
tu rayo vengador.
IV
Y luego que la cólera
de tu justicia calma,
va en pos de nuevas palmas
tu espíritu vivaz;
en aulas de areópagos,
cabildos y liceos;
te brindan sus trofeos
el numen de la paz;
y besé en blanca aureola
resplandecer tu faz.
V
En tu carroza ligera
que tiran diez corceles,
de cantos y laureles
guilnardas miel se ven.
Allí del arte el símbolo
del sabio de la corona,
de Temis y Pomona
la espada y el liaren.
La enseñada del trabajo
y el lábaro del bien.
VI
Jamás, jamás, los déspotas
o la invasión taimada,
la oliva por la espada
te obliguen a trocar;
y sigas a la cúspide;
triunfante como eres,
rumores de talleres
oyendo sin cesar
en vez de los clarines
y el parche militar.