viernes, 23 de enero de 2009
el hombre que reniega de si mismo,
de todo lo que ha hecho
de los siglos de fuego
y de la amarga ceniza,
de la arcilla, que forma sus contornos,
del musgo de la aurora
del nivel de su pecho,
de quien riega la tierra
con el pa vuelto trigo
y regresado al surco
resucitado
en la dorada espiga.
Esos hombres
en que el amor no ha dejado
sus pisadas de espuma
y la amistad es solo una palabra
a un arma
para burlar,
para vender,
para entregar al hombre a sus verdugos,
son lobos del hombre.
Que adulteran las formas
en la cierta verdad de los espejos,
que convierten las flores
en pisadas de sangre,
que falsifican
todo lo que de bueno ha levantado el hombre,
todo lo que ha logrado con sus manos
con sus ideas
con la furia fecunda que arranca la injusticia
o con la paz del alma.
Esos moldes del hombre
en la oquedad esteril de su cuerpo,
han de ser, mientras exista el mundo
mientras quede una vida auténtica sobre el suelo
un llamado
un alerta
para que el hombre cuide sus puertas interiores
y pueda seguir siendo
íntegramente hombre.
ALFREDO CARONIL HARTMAN
NOMBRAR CONTRA LA SOMBRA
miércoles, 14 de enero de 2009
Estrellitas Y Duendes
Viviré en tu recuerdo
como un simple aguacero
de estrellitas y duendes.
vagaré por tu vientre
mordiendo cada ilusión.
Vivirás en mis sueños
como tinta indeleble
como mancha de acero.
no se olvida el idioma
cuando dos hacen amor.
Me tosté en tus mejillas
como el sol en la tarde.
se desgarra mi cuerpo
y no vivo un segundo
para decirte que sin ti muero.
Me quedé en tus pupilas mi bien
ya no cierro los ojos.
me tiré a los mas hondo
y me ahogo en los mares
de tu partida, de tu partida.
Coro
Andaré sin saberlo
calzaré de tu cuerpo
como huellas en hierro
comeré lo que sobre
dentro de tu corazón.
Y seré un mar desierto
una frase silente
la elegida de un beso
un planeta de celos
esculpiendo una canción.
Me tosté en tus mejillas
como el sol en la tarde.
se desgarra mi cuerpo
y no vivo un segundo
para decirte que sin ti muero.
Me quedé en tus pupilas mi bien
ya no cierro los ojos.
me tiré a los mas hondo
y me ahogo en los mares
de tu partida, de tu partida.
Coro
Me tosté en tus mejillas
como el sol en la tarde.
se desgarra mi cuerpo
y no vivo un segundo
para decirte que sin ti muero.
Me quedé en tus pupilas mi bien
ya no cierro los ojos.
me tiré a los mas hondo
y me ahogo en los mares
de tu partida, de tu partida.
martes, 13 de enero de 2009
Si yo pudiera morder la tierra toda
SI YO PUDIERA MORDER LA TIERRA TODA
Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento...
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural...
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas...
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la
infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda,
y cuando se ha de morir,
Recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.
sábado, 10 de enero de 2009
Blas de otero
poeta español principal representante de la poesia social de los cincuenta
CUERPO DE LA MUJER
...Tántalo en fugitiva fuente de oro
Quevedo
Cuerpo de la mujer, río de oro
donde, hundidos los brazos, recibimos
un relámpago azul, unos racimos
de luz rasgada en un frondor de oro.
Cuerpo de la mujer o mar de oro
donde, amando las manos, no sabemos,
si los senos son olas, si son remos
los brazos, si son alas solas de oro...
Cuerpo de la mujer, fuente de llanto
donde, después de tanta luz, de tanto
tacto sutil, de Tántalo es la pena.
Suena la soledad de Dios. Sentimos
la soledad de dos. Y una cadena
que no suena, ancla en Dios almas y limos.
DESAMOR
Cuando tu cuerpo es nieve
perdida en un olvido deshelado,
y el aire no se atreve
a moverse por miedo a lo olvidado;
y el mar, cuando se mueve
e inventa otra postura,
es sólo por sentirse de este lado
más ágil de recuerdos y amargura.
Cuando es ya nieve pura,
y tu alma señal de haber llorado,
y entre cartas y besos
amarillos suspiras porque, al verlas,
no te serán ya ésos
más que -pendientes de los ojos- perlas;
y las rosas ilesos,
y los blancos sin roce,
entre cintas desnudas, enterradas,
reavivan el goce
triste de ver ya frías, desamadas,
las prendas y el amor que aún las conoce.
Entonces a mí puedes
venir, llegar, oh, pluma que deriva
por los aires más solos:
yo tenderé y tiraré hacia arriba,
altos sueños, mis redes,
para que eterna, si antes fugitiva,
entre mis alas, no en mis brazos, quedes.
CRECIDA
Con la sangre hasta la cintura, algunas veces
con la sangre hasta el borde de la boca,
voy
avanzando
lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
algunas veces,
voy
avanzando sobre este viejo suelo, sobre
la tierra hundida en sangre,
voy
avanzando lentamente, hundiendo los brazos
en sangre,
algunas
veces tragando sangre,
voy sobre Europa
como en la proa de un barco desmantelado
que hace sangre,
voy
mirando, algunas veces,
al cielo
bajo,
que refleja
la luz de la sangre roja derramada,
avanzo
muy
penosamente, hundidos los brazos en espesa
sangre,
es
como una esperma roja represada,
mis pies
pisan sangre de hombres vivos
muertos,
cortados de repente, heridos súbitos,
niños
con el pequeño corazón volcado, voy
sumido en sangre
salida,
algunas veces
sube hasta los ojos y no me deja ver,
no
veo más que sangre,
siempre
sangre,
sobre Europa no hay más que
sangre.
Traigo una rosa en sangre entre las manos
ensangrentadas. Porque es que no hay más
que sangre,
y una horrorosa sed
dando gritos en medio de la sangre
martes, 30 de diciembre de 2008
Te encontraré ayer tarde.
Seguramente tú hayas perdido
ahora el porvenir contemplando
el vuelo del águila dorada.
Tú habrás estado siempre
inmóvil en el centro del día
de aquel año lejano
en que nos separamos sin darnos
cuenta —sin siquiera
percatarnos allí mismo
de lo que ocurría y todavía ocurre.
De lo que aún perseguimos
hollando la arena de un tiempo
malgastado miserablemente
por saborear los más vivos instantes
de una existencia
que no transitamos nunca.
El pasado por simple puede
que exista pero sólo
como un área y una atmósfera
donde apenas crece la espera.
Donde cada quien es el mártir
de sus propias alucinaciones
y declina y conjuga los hechos
según el giro de sus hábitos
—según la controversia
de sus delicadas memorias
siempre creadas y sobrealimentadas
con substancias fantásticas
para que se multipliquen
con voracidades indígenas.
Volveré a verte
y será de nuevo ayer.
Y te he perdido porque ahora
es mañana. Y es allí justamente
en ese bosque de los insomnios donde
las palabras intercambian las frondas
de sus significados absurdos
—donde pierden su brillo
y se bifurcan las sendas
de los astros del comienzo.
Donde los recuerdos cobran
las apariencias de las profecías
sobre el final de los combates
entre el amor y la muerte.
Es allí justamente donde estamos.
Donde nuestros desengaños
son simples como el pasado
que de pronto se volverá de espaldas
para que podamos
hace mucho encontrarnos.

POEMA DE LAS COSAS
Quizás estando sola, de noche, en tu aposento
oirás que alguien te llama sin que tu sepas quién
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente, pero que no se ven...
Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se estan yendo siempre, pero que no se van...
O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser...
Por más que tu prefieras ignorar estas cosas
sabrás por qué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son...
Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.
José Ángel Buesa